Este blog es dedicado a las familias católicas y a quienes buscan realizar el llamado a la santidad viviendo en plenitud el don de la vida a través de su propia vocación como hombres y mujeres, padres de familia, abuelos, jóvenes y niños. Los enlaces y temas ofrecidos son recursos considerados como herramientas para la vida cristiana. Esperamos en Dios que les sea de alguna ayuda. Que Dios bendiga a nuestras familias.







miércoles, 9 de marzo de 2011

CUARESMA 2011



     Hoy inicia la cuaresma, y con ésta, nuestra jornada de conversión a Dios. Con la ceniza en la frente damos testimonio de nuestra intensión al arrepentimiento; nos declaramos pecadores (Salmo 51, 5). La ceniza simboliza el polvo del cual hemos sido creados (Gen. 2, 7) y lo inutil que somos sin la gracia de Dios. Lo negro de la ceniza nos recuerda la mancha que deja el pecado en nuestra alma. Pero, con el pulgar se nos marca una cruz en la frente. La cruz es signo del perdón, de la misericordia de Dios, de nuestra salvación; por la cruz hemos sido salvados (1 Cor. 1, 18). La ceniza no nos salva; ¡Cristo ya nos ha salvado!


     Jesús fué conducido al desierto por el Espíritu Santo  despues de su bautismo en el Rio Jordan y antes de iniciar su misión mesianica. Ahí oró y ayunó por cuarenta días. Fué tentado por Satanás tres veces, pero Jesús vence las tentaciones al renunciarse a si mismo (Mt. 4, 1-10). La cuaresma que nosotros vivimos refleja estos cuarenta dias que pasó Jesús en el desierto. Somos llamados a imitar a Jesús con oración, ayuno y caridad (Mt. 6, 1-18). Solo así, renunciando a nosotros mismos, podemos vencer las tentaciónes y evitar el pecado.



     La cuaresma también refleja los cuarenta años que pasó el pueblo de Israel en el desierto en busca de la tierra prometida (Ex. 16, 35), los cuarenta días del diluvio (Gen. 6, 17) y los cuarenta días que Jonás predicó el arrepentimiento a Nínive (Jon. 3, 4).



     El número cuarenta es simbólico de tiempo de prueba y madurez. El adulto se juzga haber madurado a sus cuarenta años de edad. Lleva la sabiduría de la experiencia de la vida. Nuestra participación en la cuaresma debe llevarnos a una sincera conversión a Dios. Si ya nos hemos convertido a Dios, debemos entonces profundizar en nuestra conversión. Debemos buscar madurar en nuestra fe. Fortalecer nuestra relación con Dios. Avanzar en nuestro camino a la santidad.


     Si Dios no es el centro de tu cuaresma estarás gastando tu tiempo. Si la oración, el ayuno y las obras de caridad son una carga para tí o una ley que pesa, tu corazón despreciará la gracia de Dios como el niño desprecia la vitamina de la espinaca que se come a la fuerza. La cuaresma debe ser una luna de miel entre el alma y Dios. Un tiempo de profunda e intima comunión con Dios.
 


     El sacrificio del ayuno y la abstinencia a la carne es mortificación que debilita la carne y foralece al espíritu (pon atención) solo si hay oración y caridad. La oración sola y sin obras de caridad es como sal sin sabor. Las obras buenas no solo son para quienes amamos, a quienes queremos o a quienes nos combiene dar o tratar bien. La caridad va más allá.


                                                           

     Decía Beata Teresa de Calcuta: "Åma hasta que duela". La cuaresma suele doler. Especialmente cuando renunciamos a cosas que nos gustan demasiado como el chocolate, la coca-cola, la tele, el chisme (comer carne), el pan dulce, decir la útima palabra, comprar - comparar - comprar y otros malos habitos. El orar, rezar el rosario o el Vía-Crucis es tiempo de uno al que se renunicia para Dios. Se retuerce la carne, ya sé. Es una batalla interna. Pero sola no puede el alma, necesita de la gracia de Dios. Se debe vivir una cuaresma sincera y fructifera. Se debe saborear lo amargo como lo dulce. Solo así se aprecia el sabor.



   
 El ayunar pone a gente de malas. Yo conozco a varias personas (soy una de ellas).

  

     Todo esto no es en vano. No es castigo. Es una respuesta a Dios. Es una reacción a una acción, a la      misericordia de Dios a través de la salvación en su Hijo Jesús (Jn 3, 16), a la oportunidad de arrepentirnos de nuestros pecados, a no ser indiferentes al amor de Dios. Nuestra participación de la cuaresma sensibilza en nosotros la presencia de Dios en nuestras vidas y en la de los demás. Debemos escuchar en vez de oír, observar en vez de ver. Buscar la reconciliación con Dios y con nuestros hermanos. Buscar la sanación de nuesras vidas. No quedarnos con los brazos cruzados en la última banca de la iglesia distraídos por nuestros problemas.



     Este es el tiempo que Dios ha preparado para ti; para que arregles tus cosas y tus pendientes con Él. Jesús ha instituido el sacramento de la reconciliación. En el confesionario está Dios Misericordioso (Lc. 15, 20) esperandonos. No somos eternos. Tarde que temprano daremos cuentas a Dios por lo que nos ha encargado y encomendado. Este es el tiempo para volvernos a Dios, sinceramente. El siempre te espera con los brazos abiertos. No tengas miedo. Dios te áma.



"Vengan a mi los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré."
Mt. 11, 28


2 comentarios:

  1. Gracias por dedicar tiempo para compartir esta informacion. Me gustan mucho las imagenes que pusiste, pero nose porque tenia que ser una mujer la que come tanto chocolate?

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  2. Me recordó a Eva comiendo el fruto prohibido.

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